martes, 20 de septiembre de 2011

Tus días de belleza culminan en viejas palabras llenas de dolor. Tus dedos se aferran a aquella imagen en la pared; tu piel es tan aborrecible como esa sonrisa apagada que dibujas cada mañana. ¿Acaso no sabes mentir mejor?

Mis dedos se entrelazan con los tuyos y siento pena por el frió de tu piel, mi mirada desvía la tuya, opaca y fúnebre con ese tono depresivo que solo guardan los días grises. La sangre en tus venas corre mas rápido y creo estallaran en cualquier instante, mas por algún percance traje una sombrilla que me cubrirá de cada gota. Y el cielo se torna carmesí, como si tu voz llamase a todas aquellas lagrimas que brotaron de mis muñecas, y tu dirás cuantas veces no he herido mi piel y tu te lamentaras por ello.  Tu lengua escupe veneno que se a incrustado en mi ser, gotas esmeralda, ardientes como la llama de tu ser.

Y tus parpados caían en la avaricia de tus ser; observe como tu mundo declinaba en la angustia, tus labios ya no eran tan dulces mas aun gustaba de probarlos; mi juventud contrastaba con tu vejez mas nunca deje de amarte. Jamás entendí la razón de mi repulsión hacia tu persona, mas tu alma era exquisita y jamas dejaria de probarla.

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