Tu lejanía físicamente se podría medir en unos escasos metros pero, espiritualmente un abismo nos separaba; la completa ignorancia de mi existencia, la completa indiferencia. Mi mente divagaba en la simplicidad de un beso mas tu mirada creaba un abismo inmortal entre nuestras almas, y contemplando la virtud de tu rostro no imagine mas bello ser sobre esta tierra. La vida se arrodillaba ante tus pies, la muerte parecía prácticamente inexistente en tu persona; una gota de miel en la amargura de la hierba que cubre el mundo entero, tan brillante y única, pero tan efímera y mortal como todo lo demás aunque nadie tuviese el atrevimiento de pensar siquiera en tu muerte.
Y mis penas se disolvían como el papel bajo la lluvia, mi vida se esclarecía desechando todo mi rededor; en esos minuto lo único existente eras tu y yo y la barrera que nos separaba. Un delirio en un mundo mortal que clama por sentirse libre de la condena, libre de la obligada muerte; y mis palabras fueron escuchadas y por unos cuantos minutos ignoré mi suerte, evite la idea de todo lo existente.
Fue un sueño corto pero apacible en el que aun encuentro regocijo al cerrar mis ojos, y reproducir aquella imagen en la obscuridad y vació de mi mente. Mas aun me pregunto, ¿cuál sera tu nombre?
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