jueves, 21 de julio de 2011

Versos de un amante.

Le recuerdo tan dulce y fragante como la primavera al apagar el invierno.

Los días transcurrían con cierto tono de similitud deseando que en alguno de ellos hubiese un cambio, por más pequeño que fuese lo agradecería. Su faz ilumino el día tan gris con el que culminaba la crudeza invernal, sus pasos sonaban de una manera tan rítmica que resultaba agradable esa mezcla tan suave del caer de sus pies sobre la hierba húmeda y el latir de su corazón; deseo tanto revivir aquellos instantes, tan solo quisiera repetirlo de nuevo en mi mente tal y como sucedió pero, cada vez que mis pestañas se unen e intento de volver a aquel día tu rostro deja de ser rosado y vivaz y se muestra tal cual es ahora: azul y frio.
Encantador como la sonrisa infantil de un pequeño bebe en brazos de su madre, tan embriagante como el aroma de los jazmines en la brisa del amanecer, tan delirante como en deseo que tengo de volver a amarte con la misma intensidad que en mi juventud; hoy amor mío te desprecio.
El amor es un sentimiento tan basto que jamás podría desaparecer pero igualmente es tan complejo que cambia de una manera tan drástica e increíble que resulta imposible creer que se trate del mismo sentimiento; el odio y el amor son el mismo ser. Es tan fácil percatarse de ello pero queremos evadir dicha idea, ¿acaso no comparten la misma intensidad?
El tiempo no parecía existir cuando estaba a tu lado, los segundos en los cuales me refugiaba en tu regazo parecían eternos, sentía que el mundo comenzaba a consumirse en la frialdad de la humanidad más yo me encontraba a salvo cubierto por tus suaves y tibias manos, por el amor tan inmenso que crecía entre los dos. Debo decirte que hoy aborrezco dicha imagen. Así como la primavera asesino el invierno de una manera bella y exquisita, esta abrió paso al verano, el cual fue traicionado por aquella estación reflejante de  muerte y decadencia de todo lo bello y hermoso, ¿pero acaso la muerte no es hermosa? 
Las hojas doradas bajo mis pies, las copas de los arboles vacías, flores marchitas; todo era dorado y café, todo era tan hermoso como la muerte misma. Nuestro dulce amor duró poco; prometía la eternidad más sin embargo careció de firmeza y voluntad. Tal vez fue en un intento de mi mente de no sufrir más en el cual escondió en lo más obscuro de mis pensamientos el recuerdo ya inerte de tu fallecimiento; eh olvidado por completo aquel día, son borrosas las imágenes que tengo de ti recostada en una cama de hospital con el rostro pálido y temeroso, recuerdo que por más que trataste de sonreír en tus labios se formaba un gesto aborrecible a la vista que dejaba ver tu trágico final, por más que me prometiste que no te dejarías vencer, que tu jamás me abandonarías, por más que tus manos se aferraron a las mías tus ojos no me engañaban: estabas cansada, cansada de luchar, cansada de vivir con una condena que tarde o temprano tendrías que cumplir; tu fe era decadente, como una luz mortecina que brilla en la inmensa bruma de la noche, que se arrastra por la inmundicia de la ciudad y decae a tal grado de desaparecer por completo, pero justo en el momento en que una de mis lágrimas caía en tu pecho esta luz se encendía, no con  la intensidad que desease pero si la suficiente para concebir la paz en mí. Estaba tan ciego que aun la mísera fe que guardabas en nuestro amor me complacía al grado de aun soñar un futuro a tu lado. Las horas pasaron y no recuerdo ni los diálogos ni las imágenes que transcurrieron en ellos, aunque en ocasiones, en muy pocas ocasiones, estas me abruman en la vulnerabilidad de mis sueños, de mis pesadillas; te veo viva y fragante, soñadora y risueña como el día en que las rosas florecieron ante la gracia de tu danza y al instante siguiente te veo recostada sobre una caja de madera con el rostro repleto de gestos plásticos y exagerados, como si esa paz que mostraras era solo una máscara para ocultar el horror que albergabas dentro.

Y un día observe mi reflejo frente a la opaca visión de un espejo: a pesar de la tenue luz que había en la habitación, dada por el hecho de que las cortinas se encontraban completamente cerradas dejando escapar entre los espacios vacíos tenues líneas luminosas, casi muertas por la frialdad de aquel cuarto magistralmente vestido de luto; me vi como un cadáver. Mis ropas eran obscuras y melancólicas, mi sonrisa estaba muerta, mis ojos habían perdido su brillo y mis labios su sensualidad, todo en mi daba la sensación de pena y muerte, de dolor y sangre; el contemplarme a mí mismo en esas circunstancias causo en mi aberración ante lo grotesco de esa imagen: el joven soñador y risueño, la viva imagen de la juventud y la gracia, todo en mi había muerto, aun la voluntad de vivir.
Ignoro la razón por la cual decidí o más bien reprimí el deseo de morir, lo único que logro recordar es que ese día destroce de un golpe ese espejo junto a los demás que se encontraban en mi habitación, así como todo objeto que osara recordarme lo miserable de mi vida; destruí todo aquello que me cuestionara de mi existencia, ya que esta se encontraba vacía y sin sentido, se encontraba muerta. Jamás pude comprender él porque apareciste en mi vida y más aún el porque me dejaste formara parte de ella consiente tú de que el final era inevitable; hubiese aceptado todo con mayor resignación, con mayor entendimiento si tan siquiera tu hubieras luchado un poco más, no es que no comprendiera tu estado, lo conocía perfectamente, sabia tus limitaciones y tus pesares, pero conocía tu fuerza y me di cuenta que te dejaste rendir fácilmente, que no tuviste la voluntad de luchar aún más, que antes de que tu cuerpo sucumbiera ante el inevitable desenlace de todos los mortales, tú, ya habías sacrificado tu fe. Al llorar al pie de tu cama, recostado sobre la frialdad de las sabanas cruelmente teñidas de blanco, de un color tan intenso, tan puro y contradictorio a todo lo que este representaba, solía rogar por tu fortaleza, solía pedir que comprendieras mi amor y lucharas por nosotros, y aun sabiendo que tu final era inevitable habría en mi la imagen de una mujer que jamás titubeó un segundo en luchar por lo que ama y no hubiera dudado jamás de tus sentimientos; ahora suelo preguntarme si tu amor fu veraz, ya que alguien que ama no sería responsable de tal acto de crueldad hacia alguien más, hacia la persona que ama. Daría mi vida para que al cerrar mis ojos por la presión del cansancio y del dolor, pudiera ver tu imagen y fijar mi interés hacia tu mirada y encontrar en ella un brillo que refleje valor, que me de esa seguridad de que trataste hasta el último momento de permanecer a mi lado.
Han pasado ya muchas estaciones, he visto tantas veces florecer y marchitarse a las musas del campo, he visto como tiñen de colores sus praderas y como sucumben a la frialdad de la nieve, tan blanca y radiante como las sabanas que cubrían tu cuerpo inerte; ha transcurrido tanto tiempo que he olvidado la presencia de este; olvide aquel día en que tu nombre se escribió sobre la piedra que cubre tus restos; olvide la última noche en que pretendí hablar contigo cuando simplemente conversaba con un puño de tierra húmeda; olvide el color de las ultimas rosas que arroje sobre tu tumba; olvida nuestra canción y todo aquello que ame; me olvide de mi existencia al grado de aborrecer mi recuerdo; me olvide de todo lo que existió y existe e ignoro todo lo que existirá, tan solo deseo un día más, un día en el cual albergarme otra vez en tu regazo y llorar desconsoladamente en el calor de tu pecho, tan solo quiero una vez más sentir tu mirada confortable sobre mis rostro, sentir la tibieza de tus dedos acariciar mi cabello y hundir mi rostro entre tu pecho a tal grado de ver tu alma a los ojos y, en la intimidad que nos brinda el silencio preguntarle:  ¿porque dejaste de amar tan fácilmente?, ¿porque me dejaste de amar tan fácilmente?

lunes, 11 de julio de 2011

Te quiero.

Te sorprendería el saber que estoy pensando y no creo estés tan alejado de la realidad; pienso en el amor: dulce, tierno y hermoso. Es algo que me ha acompañado en mis pensamientos desde el día que lo conocí; aun a pesar de que he errado y fraguado varios intentos de ser felices nos mantenemos juntos, de alguna manera jamás podremos separarnos, ¿porque?, es sencillo, nos amamos.


Te contare un secreto. Hace ya mucho tiempo este mundo era vacío, así también mi corazón, pero claro no fue hace tanto tiempo como el mundo; de alguna manera mi ser encontró una fórmula para evadir la obscuridad y nació en el un rayo de tenue luz, de una luz mortecina y débil, que con el tiempo se volvió radiante e inmensa. Por aquel entonces esa pequeña luz no podía sobrevivir sola así que trataba de mantenerla viva; yo cuidaba y velaba por ella, más en ocasiones me dormía en la vigila y esta se hacía más y más débil, más por alguna extraña razón jamás desapareció. 
En varias ocasiones lloré a orillas de esa pequeña luz justo cuando más parecía apagarse, pero de pronto aparecía más radiante y fuerte: era totalmente maravillosa. Así esta luz fue creciendo, tanto que un día no se pudo ocultar y resplandeció desde mis adentros a tal grado de no solo brillar en mi vida sino también en la de los demás, todos mis conocidos me cuestionaban de como pude hacer que tal luz llegara a ser tan radiante, a lo que siempre respondía: la fe.
Cada día que te sientas débil y que el mundo parezca venirse abajo sofocando la luz de tu amor, jamás dudes, solo ten fe; no es que necesites comprenderlo, solo necesitas confiar en él; el amor no reside en una persona, vive en nosotros mismos; en nuestro deseo de encontrar la felicidad y en la fuerza que ejercemos para encontrarla, el amor es una virtud que cada ser humano comparte y  cada quien debe encontrar la manera de hacerla brillar tanto como para iluminar el mundo entero.

jueves, 7 de julio de 2011

Amar/Odiar

Detesto el conocimiento, el saber de las razones, el conocer el adiós.

¿Amarías la ignorancia si ello refiere el evadir la idea de tu lejanía?

Acaso el sentimiento mas puro debe de ser cubierto de mentiras, dulces mentiras, tan suaves y brillantes que causan una sensación de  verdadero amor, de perfección.
Mi persona es complicada: jamas deja de pensar. Mas ello ha llegado a convertirse en un verdadero problema, la evidencia que ha dejado el pasado sigue presente con ese delirante sabor amargo y dulzón, con ese aroma fresco y sutil, embriagante hasta perturbar el alma: es ciertamente encantador y demoledor.

Mil preguntas se albergan en mi mente, una de ellas, si haz escuchado la ultima canción que te dedique. Fue aquel día en que nuestro amor ya había sido decapitado por las acciones del destino, el ultimo día en que te vi, el ultimo donde bese tus labios.

Fue demasiado tarde para nosotros, no pudimos rescatar siquiera un poco de lo que sentimos, ni aun un mutuo respeto. Debimos separarnos mientras aun nos queríamos, no cuando comenzamos a odiarnos.


martes, 5 de julio de 2011

Recuerdo.

Suelo resumir mi vida en el momento en que lo preguntas en un sencillo "todo a ocurrido con normalidad", mas sin embargo nada es similar, nada guarda ningún parentesco.
El distintivo de nuestra existencia es que cada uno encuentra una respuesta diferente para cada situación lo cual la hace mas exquisita. Así como yo te jure amor y creí en verdad que todo seria realidad tal vez tus ojos lo vieron diferente y solo fueron palabras que se escapan en el aire con tanta suavidad que no lo puede percibir.

Han pasado tantos meses y en ellos jamás he dejado de pensar en ti, es el simple misterio de un recuerdo que por mas que se cubierto con una verdad dolorosa no se evapora, sigue presente besándome en las noches, acariciando mi cabello. Es dicho recuerdo el que aun me jura que me amas aun cuando tus labios pronuncian cosas diferentes.

Me gustaría entender que secretos guarda tu mirada, si tan solo pudieras decirme a donde me dirijo, ya que solo sigo tus pasos. 


Los deseos llegan y se van, el amor es eterno mas no siempre es correspondido. 

Solo vasta entender que el hecho de verte sonreír me complace, que el saber que te encuentras perfectamente bien me da aliento, claro, evadiré la idea de que compartes tu vida con alguien mas pero aceptare la realidad de que jamás existirá un nosotros, de que nunca mas regresara el ayer, de que jamás de nuevo te besare.

miércoles, 29 de junio de 2011

¿Sientes el calor de mis manos?




Justamente ayer cuando la noche suele ser mas espesa y misteriosa, cuando la obscuridad es tan abrumarte que ni siquiera tus manos puedes ver, pude recordarte. 
Una dulce sonrisa tapizada con recuerdos encantadores de un ayer que fue simplemente hermoso pero, a nadie nos agradan los finales. Suponiendo que ni yo era el amor de tu vida y ni tu el mio, ¿por que se cruzaron nuestros caminos?, acaso el destino tenia planeado algo para nosotros o fue simple casualidad, una casualidad que duró mucho tiempo y fue exquisitamente enriquecedora, tanto en forma espiritual como carnal.
Terminar jamás es fácil y lo que viene después mucho menos, o por lo menos para mi no lo fue. El caso es que si en verdad no me hubiera enamorado lo hubiera disfrutado muchísimo mas.

lunes, 27 de junio de 2011

Luz de Luna: Rosas de Papel. (Preludio)


En tres días se cumplirá un año más de aquel momento en que te conocí, no puedo concebir aun el paso de los años que han dejado huellas tan marcadas en mi piel y creo en ti tampoco tu belleza han respetado, mas supongo aun guardas esa dulce esencia que solía hacerme suspirar. 
¿Lo recuerdas, aquel día poco antes de que el invierno azotara con su fuerza a la sutil belleza de las flores, haciéndolas palidecer hasta sollozar en los tonos fúnebres de una noche marchita?
Lo recuerdo tan bien; era una mañana fría pero a la vez cálida, una de esas que suelen hacerte sentir la crudeza del mundo; era una típica mañana de otoño, esas de color azul justo al momento en que el sol despierta. Recuerdo la luna aún estaba de pie observando a los mortales con ese vestido plata que solo ella sabe lucir, con tanta elegancia y lujuria que hace decaer mi certeza y robarme un suspiro, pareciera que aun puedo escuchar el cantar de las aves, como sus notas se mezclaban con el silbido de un viento juguetón, aún recuerdo escuchar el crujido de las hojas que tapizaban las calles, era como si una alfombra dorada cubriera por completo la desnudez del asfalto. Esa triste escena que de alguna manera nos recuerda nuestro destino, lo efímero que somos, lo frágil de nuestra existencia, es una escena exquisitamente perturbante. Y aun suelo recordar ese deleitable aroma a humedad, esa brisa que acaricia mi rostro con un soberbio toque de frialdad, aun siento ese deseo de arrancarme la piel y entregar a mi alma tal manjar.
En un segundo mi mirada fue desviada hacia tal destello de luz que ocultaba la magia de un ser completamente desconocido por mi corazón y, sentí como mi sangre hervía, como mi corazón se aceleraba, en un segundo el mundo se detuvo, las hojas a mi alrededor caían con tal suavidad que parecían nadar entre los rayos tenues del amanecer y sentí celos del viento que indiscretamente acariciaba los rizos de tu cabello y recorría cada rincón de tus rosadas mejillas, observe tu rostro puro y solemne, sentí una conmoción que embriago mi razonamiento hasta perder cuenta de mi realidad, toda mi vida se resumió en un instante, jamás viví solo existí hasta que tu magia se cruzó por mi camino y tan deliberadamente mi corazón se rindió al tuyo, una canción que jamás escuché se reprodujo en el fondo de mi alma, un río con fuerte caudal nació en el abismo de mi alma, deseaba gritarte más mis labios estaban paralizados: sin saberlo te había entregado el alma, aun sin  saber tu nombre te di mi corazón y, fue en el justo momento en que el sol solía levantarse con tanta magnificencia que hacia brillar todo a su solemne color con un dulce tono de grandeza; en ese instante tu mirada se cruzó con la mía, nuestras pupilas se alinearon de tal manera que no podíamos ver más allá de nuestros ojos.
Me perdí entre el brillo de tu mirada, en un segundo mi respiración se detuvo y deje de sentir ese peculiar frio de otoño que fue remplazado por la suavidad de la primavera; una sensación extraña para esta alma que por aquella época poco sabia del arte del corazón, era solo un joven de veintiún años, inexperto en el arte del amor; más aunque mi alma ya está añeja por el paso de los años me estremece el recuerdo de aquel día; me rendí ante ti, solo confiaba en la honestidad de tus labios aunque tú no hubieses pronunciado palabra alguna. Me entregue completamente desconociéndote totalmente, en un instante mi vida colapso y se levantó ante ti, robaste mi esencia y mis sueños y los remplazaste con cada parte de ti, mas tu no dabas cuenta de ello, tal vez estabas sumergida en la misma sensación que yo, pero no puedo descifrar aun pasados los años que cruzo por tu mente, mas tengo una vaga idea ya que tus ojos solían escapar indiscretamente varias respuestas: recuerdo agachabas tu mirada concierto tono de timidez más aun así nuestros ojos no se apartaban, y apenas mis piernas respondieron mi llamado me acerque hacia ti; recuerdo muy bien nuestra primera conversación, estaba empapada de la simplicidad de la pena, del miedo a lo desconocido, dejábamos ver unas palabras espolvoreadas de timidez y de poca lógica, no importaba lo que dijéramos, nuestras almas hablaban por si solas, fue tan mágico, de un momento a otro mil imágenes pasaron por mi mente como recuerdos de vidas pasadas que compartimos juntos; esos besos que jamás nos dimos intimidaban más mis palabras, una sensación desequilibraba mis sentidos de tal manera que me convertían en un torpe enamorado, la mañana apenas concluía, aun desconocíamos nuestros destinos, nos olvidamos de a dónde nos dirigíamos y cambiamos todos nuestros planes por un segundo más con ese extraño que nos robó un segundo de nuestra existencia y, toda la eternidad de nuestras vidas, fue lo que se suele llamar amor a primera vista: fue lo más parecido al amor, no es que no creyera en él, es más bien que aún no lo conocía, para mí solo era una utopía, pero en la juventud ¿en que no puedes creer?; lo vi en tus ojos y me rendí ante él mas ahora no quiero pronunciarlo de nuevo, era la inocencia de un alma nueva. Debo admitir por aquellos años no existía mujer más hermosa que tú, si bien no concia por completo el mundo no hacía falta verlo, tú eras el más hermoso ser en este plano, un capricho de Dios que guste de amar y ser amado. Sin pedir nuestro consentimiento nuestros corazones firmaron un pacto y en el silencio se dijeron tantas palabras, en ese espacio vacío entre nuestras manos que con timidez se acariciaban se fundieron nuestras almas, en solo un instante la tenue luz del amanecer ilumino nuestra existencia, hoy no sé si agradecer al destino nuestro fortuito encuentro, es como si hubiese arreglado nuestra cita: solo basto un segundo entro los miles del día para entregarnos completamente el uno al otro, sin decirlo, sin algún contacto que no fuese más allá de las miradas nuestro amor se consolido en el pilar de nuestra gratitud, sin preguntarnos nació en nuestros corazones una palabra que hoy no gusto de pronunciar pero alguna vez te la repetí tantas veces hasta sentir perder su valor.
Deseo no abrumar con la complejidad de mis emociones, de cómo mi alma cambia de tonalidad, cruzando por colores pasteles hasta aquellos tan fúnebres y obscuros, más para poder conocerme y entender mi sentir aun basta mucho más que decir: era algo tarde, no en el margen del tiempo en el que transcurría el día más si en el límite de este para nuestros destinos, poco después me enteré que este era tu horario para acudir a la universidad, de igual manera la facultad de letras me esperaba, pero vacilaba en las intenciones de mi alma, esperaba tu formaras parte de mi vida, la cual solo existió superficialmente hasta cuando te presentaste en ella, mi existencia era limitada a la simplicidad de una rutina, nada era nuevo, meticulosamente seguía un horario que de alguna manera me parecía gratificante mas ese minuto que fue alterado con tu inesperada presencia pronto se convirtió en el más feliz, una sensación que hasta ese momento jamás había experimentado: veía como tus rizos dorados danzaban con la brisa indiscreta de otoño, como tus labios húmedos gritaban por estar junto a los míos o eso era lo que quería leer en ellos, poco entiendo de aquella situación, aunque los años hallan pasado y día tras día haya reproducido ese instante en mi mente de algún modo cada palabra quedo grabada en mí, más ninguna de ellas fue realmente relevante, lo único que significaba era lo que nuestros ojos decían bajo el resguardo de nuestras pestañas, lo único verdaderamente importante era esa dulce sonrisa que con timidez y sutileza dejaba escapar un rayo de luz a mi alma.
Quisiera de alguna manera repetir este sentimiento en cada uno de nosotros para que en nuestros corazones renaciera la mínima idea de lo que fue amar. El mundo de un segundo a otro se detuvo y las hojas de laguna manera cayeron con más ritmo que el que la naturaleza les da, el suelo parecía brillar con tal intensidad que nuestro panorama parecía elaborado en la mente de algún artista, no había momento más perfecto, no existía ningún lugar mejor.
El silencio hizo presencia, no era como ningún otro que hubiera experimentado, era totalmente distinto, de alguna manera me hacía sentir bien pero a cierto nivel me hacía sentir un nerviosismo intenso como si pudiera sentir lo que acontecería, habíamos pasado ya largo tiempo juntos hablando de cosas ciertamente sin interés, lo único que hacíamos era buscar una razón para seguir juntos, apenas nos percatábamos de la hora inventábamos alguna tonta excusa para seguir juntos, la mañana en su mayoría había transcurrido, llevábamos casi tres horas juntos, de alguna manera era inevitable, lo deseaba, lo deseabas, pero ninguno se atrevía a hacerlo, tal vez era lo más dulce de esa sensación, jamás lo olvidare.
Mire tus ojos como jamás los había visto, con un deseo incontenible pero con cierto tono de temor, respetaba tu anonimato mas quería que dejaras de ser solo un tercero en la vida que transcurría a mi alrededor, creo fue demasiado pronto y debí esperar más pero no podía hacerlo, ya no estaba en mí, era algo que ya estaba escrito, lo vi en tus ojos cuando me acerque a ti, de alguna manera tu piel me llamaba, con suavidad tome tus manos, nuestros dedos se cruzaban con tanta delicadeza, aun no lo puedo olvidar, mis labios apenas rosaron los tuyos y tus parpados se cerraron, sentí tu respiración y escuche como nuestros corazones se sincronizaban, como cada uno de tus latidos se fundían a los míos, el ritmo de mi alma cambio, mi vida cambio, sentí la humedad de tus labios, el calor de tu piel, sentí la suavidad de tu aliento, sentí el perfume de tu cabello, estaba tan cerca de ti, no puedo explicar con precisión como fue ese momento ya que toda mi atención se enfocó en como mi mundo cambiaba, en como mi vida se transformaba en una extensión de ti, apenas conocía tu nombre, Elizabeth, apenas sabia quien eras, pero no pude evitarlo: me enamore de ti.
-Discúlpame, es demasiado tarde y debo irme.-Esas palabras rompieron aquel tímido beso, tu rostro mostraba un gesto de confusión mas no parecías molesta, más bien parecías preocupada por lo que en adelante podría pasar.
-No te preocupes, creo también eh perdido la noción del tiempo pero, ¿podría verte mañana?- Con esas palabras afronte la realidad, que ese instante no sería eterno y que en algún momento nuestras vidas se tendrían que separar. Tomaste pronto tu bolso que habías dejado en la banca en la cual nunca nos sentamos pero sirvió de escenario para nuestro pequeño encuentro, para nuestro corto romance, tengo que decirte que aun visito ese lugar y en mi mente reproduzco aquellos minutos en que todo cambio, seguiste tu camino y de alguna manera mi cuerpo se paralizo, no pude decir nada más que ver cómo te alejabas como tu perfume se perdía en la humedad, no podía hacer nada más que aceptar que el amor no duraría más, tal y como fue nuestro encuentro nuestro amor fue igualmente corto, hubiera realmente deseado que durara toda la eternidad pero lo que es realmente bello debe ser así, debe ser tan efímero para realmente llegar a apreciarlo, debe ser reamente doloroso para en verdad llegar a amarlo.
Todo el día no fue más que pensar en ti, mágicamente todo se relacionaba contigo, buscaba tu silueta en las sombras que las nubes provocan en el suelo, buscaba incesantemente tu perfume en el aroma que despiden las flores, el otoño era delicadamente frio, las ventanas del edificio de la universidad se empañaban con las gotas de la lluvia que no dejaban de caer, aquel olor a tierra húmeda aún está grabado en mi mente, aquella sensación de ansiedad, de querer salir corriendo y buscarte sin importar que tan lejos estés, tenía miedo de no poder volver a encontrarte, de no poder volver a escuchar tu voz, desearía saber que cruzo por tu mente peor creo ese será un misterio que llevare en el fondo de mi corazón.
Era la hora de salida y de alguna manera el día había parecido eterno a pesar de mi retraso el cual redimí con una excusa un poco absurda, camino a casa te buscaba entre las personas deseando encontrarte y decir todo lo que mi mente me había revelado concerniente a ti, como mi alma no podía continuar sin ti, como mi vida no podía continuar sin ti, lo sé, suena demasiado absurdo pero desde ese momento aprendí que jamás saldrías de mi corazón y no quería ni siquiera intentarlo, lo único que quería era que formaras parte de  él, quería entregártelo por completo sin importar lo que el mundo pensara. Abrí la puerta de mi departamento y vi como el vacío de la habitación se hacía más grande, como la obscuridad se hacía más espesa, como el silencio era más perturbador, todo aquello era resultado de la necesidad que creaste en mí, la necesidad de volverte a ver. 
Jamás conocía noche más larga que aquella: en mi mente daban vueltas aquellos segundos a tu lado, mi habitación estaba empapada con el eco de tú voz, mis labios guardaban celosamente el sabor de tu boca, repetía en cada instante nuestro primer beso, mi primer beso de amor. De alguna manera en mi mente escribí una larga novela en la cual los protagonistas éramos solo nosotros dos, me sentí como un estúpido al pensar que en tu mente no cruzaría ningún recuerdo que tuviera que ver conmigo, no eran muchos, una corta conversación, un pequeño beso, solo un momento de la mañana compartimos, no había ninguna promesa viable a verte de nuevo, había cruzado por esa misma plaza ya largo tiempo y solo te había visto una vez, solo tenía la esperanza de que Dios se compadeciera de mí, más la noche callo sobre mis parpados de una manera tan frenética hasta hacerlos ceder, caí en el sueño ms dulce e inocente, más profundo y tranquilo que jamás tuve y jamás tendré desde ese día, ese atardecer fue el primero en el que me encontré completamente atado a tu recuerdo, como desde aquel día no puedo cerrar los ojos sin que tu recuerdo se me venga a la mente.

viernes, 24 de junio de 2011

¿Debo agradecerte por esto que siento?

Me deleito en todo lo que hemos vivido y en lo que jamás se repetirá, ignoro en que continua, de hecho temo de que esto siga adelante, no creo esperar mucho de dicho sentimiento mas aun así es hermoso; lo se por que jamás nadie a soñado lo que yo y nadie ha escrito lo que yo. 
Hace algún tiempo en mi alma aguardaban las dudas de lo que soy y que papel debería jugar, hoy no creo me importe demasiado; cada segundo es tan mágico que no dejo de pensar que nada podría salir mal; el amor es dulce pero tan impredecible. 
Hoy puedo jurarte que te amo, mas mañana seria una predicción que  no aseguro sea certera. Es tan dulce pensar que todo esto podría salir bien...