Levanto
esta pluma, y me ahogo en mis sentimientos: he visto detrás, hacia el vacío que
has dejado en mí; vi mis errores, mis pecados, he visto el dolor. Bebí mis
lágrimas y mi orgullo me ha destrozado. La proximidad nos apartó.
Desde
lo lejos observo aquellos vagos recuerdos, siento el tiempo sobre mí. Mi barco
se ha hundido, estoy a punto de ahogarme y tu bailas sobre la tempestad;
¿Cuánto mas?, ¿Cuántos mas delante de mi?, ¿A cuántos mas les regalaras tu
amor?
Mis
manos rascan en la inmundicia en una noche plagada de lágrimas. El amor se ha
marchado y dejo sus restos aquí; aun resguardo tu eco mi habitación, han
conservo tu perfume en mi almohada, y aquella bufanda, ¡vaya!, aun siento como
si tus brazos estuviesen alrededor de mí.
Me
llevaste por donde los ángeles para arrojarme desde lo más alto y he caído al vacío
pero aun tu rostro no he olvidado. He visto tus sonrisas, tu sarcasmo; he visto
tus heridas y todo tu llanto, y aun no te he dejado de amar. Aun deseo tu alma,
aun deseo tu cuerpo pero, ¿Cuántas manos no lo han tomado ya?
Hoy
he jurado aborrecer tus besos, hoy juro me causan nauseas tus palabras;
atractiva y repugnante, seduciendo al mas débil mancebo, ¿aun no encuentras el
amor que tanto buscaste?
Te
di lo que había dentro, aun más de lo que era mío; y no me sorprendería que
Dios decidiera castigarme por ponerte delante de él. Desde el fango me arrastro
para soñar bajo tus pies, para delirar entre tus murmullos; ¿Qué día podremos
jugar a ser anónimos?, ¿Qué día tomaré tu cuerpo y tus labios de nuevo?
Y si
me preguntan voy a mentir por que me avergüenza la verdad, y solo una lágrima
voy a derramar; hasta que mi sangre deje de brotar, hasta ese instante te
dejare de amar.
Besaste
el Diablo y con dulzura te entregaste al pecado; sentí tu lejanía como el frio sobre
mis huesos, dejaste mi cuerpo vacio, intoxicaste la realidad con tus mentiras,
engañaste al más puro sentimiento, y hoy de él me avergüenzo.
En
la galería de mi espíritu escuche las notas fúnebres de mi alma; ¡vamos!, da la
vuelta y muestra tu rostro marchito: la carne ha contaminado tu alma. Y por
última vez extiendo mis manos pero estoy demasiado débil para verte, siento mis
venas vacías, siento la pena invadir mi espíritu.
Olvide
tu naturaleza cruel y deje trazar sobre
mi todas tus palabras; naciste de la oración de mi peor adversario, creciste
entre mis brazos, te enseñe a amar y ahora das cátedra a cualquiera que este
ante ti. Contaminaste el amor con tu insensatez, ahora, estoy desahuciado; te llamé, te grité pero ninguna de mis palabras han
logrado alcanzarte.
¿Atrás
en la inmortalidad hubieras sanado mis heridas?, ¿Cuándo dejaste envenenar
nuestro amor?, ¿Cuándo murieron tus deseos?, ¿Cuándo te convertiste en amante
de la humanidad?, ¿Cuándo comenzaste a amar a la suciedad?

